lunes, 24 de enero de 2011

Gerundio

No sé qué me ocurre, pero llevo algún tiempo bastante tonto. El otro día me chuté el primer capítulo de Boardwalk Empire, la serie de Scorsese, y cuando terminó me sentía muy nervioso, como cabreado. Es una masterpiece contenida en apenas una hora y diez minutos, una verdadera pasada. Eso no es una serie, eso no es televisión, quien diga eso miente, es cine 100%, y cine 100% Scorsese. Relojería visual, con todo el nervio marca de la casa, y con unos personajes trazados con la pintura rápida e indeleble propia de un cuadro expresionista. Scorsese sigue siendo el mejor, y en Boardwalk Empire se gusta. Se gusta y nos gusta, nos pone nerviosos, nos pone cardiacos. Sin embargo, después de ver el primer capítulo, pasé de estar abrumado a estar excitado, y al final tenía un cabreo de mil demonios.

No sé qué me pasa, pero mi cuerpo lo barrunta. He dejado de tomar cerveza, de forma radical, y ahora ando de arriba abajo todo el día, bebiendo agua de forma compulsiva. Soy capaz de leer una novela en una noche, no consigo dormir y estoy eufórico, con una euforia rara que siempre está al borde de la furia. Paso por mi habitación y veo los cuadernos en blanco y me parecen como mujeres adolescentes dispuestas a la caricia. Cuando tomo el rotulador para hacer dibujos a los niños apenas puedo soportar el roce del plástico sobre mis dedos. Veo salir la tinta, veo la estela negra tras de mí y vuelvo a sentirme nervioso.

Leo a Romain Gary. Me parece un autor descomunal. Creo que en su libro La promesa del alba hay párrafos memorables. Es el tipo más cachondo y divertido que he leído en años. Quiero tenerlo todo de él, quiero leer sus obras completas. Pero sobre todo lo envidio, lo odio por todas las cosas que ha dicho, por todas las historias que ha escrito tan bien. Quién soy yo comparado con él, sólo un mierda, sólo un capullo inflamado de vanidad. Pero aquí, dentro de mis dedos, están esperando mis historias, están esperando la ocasión para saltar al papel.

Lo peor es cuando camino. Cuando voy andando al trabajo, y la cabeza se me atiborra de frases. Hay metáforas cruzando por mi frente que sonríen y se marchan rápidamente, sin tiempo de que las cace, sin tiempo de que las atrape y las despachurre contra el papel. Tengo veinte millones de arranques de novela en mis oídos, son como la brisa, están apostadas en cada esquina, como animales invisibles. Me susurran, me hablan, son juguetonas, las muy puñeteras.

Por la noche, antes de que el sueño venga a por mí, mientras Espe duerme a mi lado, vuelven otra vez. Algunas ideas regresan, pero otras sólo están de paso y ya nunca vuelven. Siento la tentación de abalanzarme sobre el flexo, encender la luz y ponerme a emborronar folios. Siento la tentación de ir de caza, de no dejar ni una idea volando sobre la habitación.

Después llega la claridad y viene la cordura: para qué tanto esfuerzo, para qué tantas fatigas, si yo no lo necesito, si no me hace falta, tengo todo lo que preciso: el amor de una buena mujer, hijos, pasatiempos, reconocimiento profesional. Para qué complicarme la vida, cuando nunca ha estado peor que ahora, cuando nunca ha tenido menos sentido. Para qué escribir, dónde voy a llegar, qué es lo que pretendo, qué recompensa puedo obtener de un esfuerzo tan doloroso.

Siempre ocurre así: sólo tengo una forma de mitigar las dudas, esta forma de malestar tan incómodo. Se llama escribir, se llama construir frases, dotarlas de sentido, dibujar personajes, crear ambientes, contar historias. Es lo único que me tranquiliza de verdad.

Voy a instalarme otra vez en el gerundio. Mañana empiezo una nueva novela.

2 comentarios:

Pascu dijo...

Lo que tienes ahí me sugiere una de esas cuadrillas de voluntarios capaces de levantar una casa en un día para unos recién casados. Sólo que se retrasa el jefe de la obra. No hay plan de trabajo. Están maldiciendo cruzados de brazos. Para más inri tampoco hay botellines, jeje. Es curioso, Dani: teniendo trabajo, también conoces la frustración del desempleo.

Fran G. Matute dijo...

A eso lo llamo yo ir "inspirado"... No pares de escribir...