miércoles, 2 de febrero de 2011

Tono

Salgo a la calle y tengo la percepción de que el ambiente se vuelve rugoso, áspero, demasiado duro y encallado. El sol que cae por aquí le saca brillo al día, parece un día limpio, diáfano, sin embargo esa limpieza no está en los rostros de la gente. La gente está más bien encabronada, como a punto de saltar. De camino al trabajo, pienso que a algunos viandantes sólo les falta el bozal. Es lo que les queda para componer una estampa perruna definitiva.

Ayer se me cayó un cliente, un histórico dentro de mi agencia. No se puede hacer nada, porque no tiene nada que ver con la competencia de mi gestión ni con su nivel de satisfacción. Los recortes presupuestarios, la política de austeridad, en fin, esas cosas que se han puesto tan de moda de un tiempo a esta parte. Es un cliente al que tengo un cariño extralaboral, y de ésos no puedo decir que tenga muchos. Por eso volví a casa rumiando mi decepción y mi tristeza en silencio. Intenté aplacarla dándome una buena caminata, como las que acostumbro últimamente. Caminar durante dos horas me deja el cuerpo baldado, exhausto, y la euforia debida al cansancio me sirve como espejismo de una felicidad que no tengo.

Es un cliente menos, un mero número dentro de mi cuenta personal, pero eso no es lo que me aterra. Es el miedo al abismo, la puerca posibilidad de no poder dar a los míos lo que necesitan. Es el miedo a abrir la puerta por la mañana y entregarme a ese ritual del roce, de las piedras chascándose, de la dureza que intuyo en cada rostro, en cada conversación, y que me hace anhelar durante todo el día el momento de regresar a casa, de recuperar el calor.

Todo se vuelve muy feo, se impone la dinámica del grito, de la desesperación. Ayer vi a un padre pidiendo entre cartones y suciedad. Llevaba a su hijo entre las piernas, como si fuera un cachorro. El niño le trepaba por el pecho y lo incordiaba, y a pesar de toda la pobreza, a pesar de los rudimentarios trazos del cartel con el que pedía auxilio, a pesar del frío, el hombre tenía una mirada feliz. Retiré la vista, crucé de acera, intenté sortear aquel retrato tan expresivo de la tristeza.

La gente pide, la gente necesita, pero la sobriedad, la austeridad, la antipatía, se impone. Nos abrazamos a nosotros mismos, intentamos generar calor desde nuestro propio cuerpo, esquivamos la caricia. La tentación del solipsismo como remedio frente al dolor es terca.

El problema, como casi siempre, está en el tono.



4 comentarios:

Anónimo dijo...

Daniel, tienes el privilegio del Budismo, de la hipersensibilidad que produce y logras creatividad.
En tu tema TONO, como tesis doctoral, ;-DDDD te dire que usaste MUCHO, ejercitaste tus lobulos Occipital, frontal y parietal.
Los que mas activaste fueron tu frontal y parietal. Imagina, todo asi en conjunto con tu corteza cerebral y luego toda tu quimica cerebral.
Al final, fuiste tu y solo tu quien tambien tiene el privilegio de decidir como interpretar y como sentir.
Tu caminar y caminar lo razono como creativo porque es cuando decides generar endorfinas, nivelas tu serotonina, das salida a tu adrenalina, haces balance en todas tus particulas elementales. ;->
Estos meses he hecho clase con alumnos autistas y uno de ellos ademas tiene una lesion cerebral, minima, pero al fin lesion.
Esto le impide evaluar, juzgar, le minimiza el sentimiento del dolor. Hablo del dolor como estado psicologico, no fisico.
Nosotros tenemos estos privilegios de observar y decidir como o que vamos a sentir.
Decidiremos enojo? tristeza, frustracion, gozo o solo el evaluar toda la maravilla que tenemos con estar vivos para sentir mas?
Tienes una higiene rica y productiva, pienso o razono asi, porque llegas a tu hogar y decides sentir el calor que tu mismo enciendes.
Como cliche dire que solo hay una perdida en la vida y es el no tener salud, sanidad. Siempre habra clientes para ti mientras tienes tu salud.
Believe U me. ;->

Pascu dijo...

Buena pintura del clima de desconfianza general. El problema es cuando no es tan fácil como dividir al género humano en malos y buenos; cuando el moroso no puede dormir, porque no es más que parte de una cadena cuya fuente se ha secado. Hienas con poder para montar un lío de estos jugándose nuestra comida hay pocas. Ahora pagarán justos por pecadores, porque el mundo es turbulento, y la Historia, el permanente linchamiento de una cabeza de turco. los dioses están pidiendo un sacrificio.

Perdón por el tono, jeje.

José Almeida dijo...

Ese solipsismo es el dañino. De él no salimos, y solos tampoco saldremos de esta. Son tiempos oscuros.

María dijo...

A veces creo que cualquiera puede acabar con la oscuridad de un manotazo! Buen día!