viernes, 17 de junio de 2011

Que no hay final


Creo que mi amigo Sergio todavía lo cree. Hace tiempo que no hablo con él, pero siempre mantuvo aquella opinión, con cabezonería, como era su costumbre. Fue a finales de los 90, cuando empezaron a reponer nuevamente El Coche Fantástico. Dice que estaba viendo por curiosidad un capítulo de la serie, y de repente…

-Kit iba solo, quillo, iba sin conductor, se supone. El coche iba a recoger a Michael, que estaba en un apuro. Pero de repente, vi que había alguien allí dentro, en la cabina del conductor. Se le veían las manos, o un fragmento, se ve que el coche lo conducía un tío que iba agachado. Qué cutre.

Revisitar el pasado, creo haberlo dicho ya por aquí, es exponerse a la decepción. Por eso es mejor no intentar recuperar emociones pasadas. Siempre caemos sobre la evidencia de que ya nada es lo mismo, porque el yo de otro tiempo era otro yo distinto, muy diferente del de hoy.

Cuando uno pasea por barrios en los que vivió de pequeño, se siente muy grande. Todo parece haber encogido. Todo resulta más bien decepcionante, las proporciones han cambiado. Pero los que hemos cambiado somos nosotros.

No hay salvación, todo esto no termina. La vida son unos puntos suspensivos. Por eso amamos las novelas decimonónicas, por eso buscamos historias que empiecen y que acaben, formas de contener el mundo. La realidad es voluble, no hay moralejas, el malo nunca escarmienta. Aprender a vivir es también aprender a dejarse llevar, sin esperar ninguna meta más allá de envejecer con honestidad, intentando que el camino nos produzca el menor daño posible.

Hace no mucho, hablando con un buen amigo que también tiene hijos, discutíamos sobre lo que deseábamos para nuestra descendencia.

—Yo quiero que mi hijo se labre una buena carrera profesional, que monte un buen negocio que le dé dinero, para que no tenga que soportar las miserias de clientes hijoputas y caprichosos. Que no dependa de nadie —defendía él.

—Yo quiero que sea una buena persona. Ni más ni menos que eso. Que sea buena gente —afirmé yo.

Porque así es cómo lo veo. Toda la vida está concebida como una gran carrera. Nos ha quedado la ilusión de que la vida es un fenómeno en progreso, en evolución permanente hacia otro estado. Pero creo que es un modelo inválido. No hay progreso, más bien hay cambio, modificación de escenarios. Después del 1 va el 2 y después va el 3. Vale. Pero es una secuencia puramente numérica, la cantidad no implica calidad. La única aspiración, pues, tiene que ver con la moralidad y con el respeto a nuestra conciencia. No matar, no buscar el dolor gratuito, intentar ser bondadoso en la medida de nuestras posibilidades.

El pasado invierno, cuando andaba buscando los juguetes de Reyes para los críos, me di de bruces con un expositor del hipermercado en el que vendían el pack completo de la mítica serie Dragones y Mazmorras. Era una edición muy cuidada, y además era bastante barata (10 euros), pero lo que acabó de convencerme fue que, según la carátula, incorporaba una “Historia final”. No lo dudé, aunque ya tenía toda la serie en mi casa. La había bajado de la mula y Pablo y yo la habíamos visto muchas veces. Tanto Pablo como Alicia se conocen la sintonía al dedillo, y la cantan continuamente. Pero el aliciente del capítulo final era muy poderoso: el anhelado regreso a casa, al parque de atracciones, el fin de las fatigosas (y fantásticas) aventuras en el reino de Dragones y Mazmorras. Acabar de una vez por todas con Venger, el malvado diablo de un solo cuerno, y con su puñetera sombra chivata.

Durante toda la infancia soñé con ese final. Porque la serie acabó abruptamente, sin que se resolviera ese gran dilema vertebral: cómo conseguían volver al parque de atracciones, cómo conseguían por fin regresar al mundo, junto a sus familias y seres queridos.

Dragones y Mazmorras es como El Mago de Oz, que al mismo tiempo es como La Odisea. Lo que ocurre es que Dorita sí conseguía su propósito de volver a casa. Lo lograba, y volvía a abrazar a sus padres, aunque eran unos padres en blanco y negro. Pero los chicos de Dragones y Mazmorras no. Se quedaban allí para siempre, encapsulados en el recuerdo, dentro de una pajarera apulgarada, enjaulados perpetuamente en el desván desagradecido de la memoria.

—Pablo, mira lo que traigo —le dije a mi hijo, balanceando el pack de la serie—. Incluye un último capítulo. Cuando regresan a casa.

Así que preparamos bien el salón. Cerramos las persianas y metí el disco en el DVD. “La historia final”, qué fantástico, he esperado 25 años de mi vida pero va a merecer la pena, me dije.

—¿Qué pasa, papá? —preguntaba Pablo. Pero yo no podía ni hablar. Porque “La historia final” no era más que un lacónico texto, presentado a lo largo de varias pantallas, en el que se explicaba que, “por falta de presupuesto, nunca se llegó a rodar el último capítulo”. Un capítulo que consistía en bla, bla, bla, y que por supuesto suponía la desintegración definitiva de Venger y la materialización del regreso a casa. Un camelo, vaya, con el agravante de que te contaban lo que no existía pero podía haber existido.

—¿Qué pasa, papá? —insistía Pablo. Y finalmente tuve que rendirme a la evidencia.

—Nada, Pablo. Que es mentira. Que esto no termina. Que no hay final.

Se le quedó una cara de póker de la que todavía me acuerdo. Su pesadumbre, su decepción, me dejó mal cuerpo. Pero después pensé que en realidad no estaba mal del todo, y que los verdaderos cuentos, los de la vida, no terminan con un sapo transformado en príncipe, ni con un caballero que libera a la princesa dormida. Los cuentos de la vida son siempre más bien como Dragones y Mazmorras: gente luchando, gente padeciendo, gente combatiendo las amenazas, intentando sobrellevar con alegría y buen criterio los envites de la vida, sin perder nunca la ilusión de que existe otro mundo, de que otra vida es posible. Y sin olvidar nunca que los parques de atracciones son un embuste descomunal.


4 comentarios:

Pascu dijo...

A mí me frustraba mucho que el Gran héroe americano siempre perdiera el libro de instrucciones del traje.

Hace poco encontré la serie en Internet y me hizo ilusión ver un capítulo: es nefasta.

Ángel dijo...

Dragones y Mazmorras ha sido posiblemente la mayor decepción en cuanto a series de mi infancia.

De pequeño la adoraba, me tragaba capítulos a las 5 de la tarde, tras hacer los deberes, como si fuesen caramelos. Uno, y otro, y otro.. los echaban de dos en dos, cosa que se agradecía mucho.

Hace uno o dos años, me dio por descargarme un capítulo y tardé 4 minutos en cerrar la ventana del reproductor.

El doblaje latino era horroroso, pero lo peor es que la magia de la serie se había perdido.

Me volví a arriesgar con Oliver y Benji. Descubrí algunos links en cierto foro y me aventuré a revisarla. Pierde, pero no al nivel de Dragones y Mazmorras. La volveré a ver con los enanos (Pablo, Ali y Ale) cuando crezcan un poco. Si les gusta, claro, si no me la tragaré yo por mi cuenta. Es una serie que me encantó de pequeño, que viví con Migue, incluso, por lo que para mi tiene un valor sentimental enorme.

Es mejor no revisar ciertos clásicos para mantener un buen recuerdo de ellos. Siempre he dicho que para mí, Oliver y Benji, Dragones y Mazmorras, David el Gnomo, Dartacán, etc, son series de mi infancia, series míticas que adoraré siempre por las horas de diversión que me ofrecieron.

Eso sí, no pienso volver a verlas (excepto OyB).

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Daniel, lo sabes, soy mayor que "vosotros" que "vos", que "voj". ;-DDD
Vas a llegar a un momento en que repasar el pasado es un proceso que en neurlogia es llamado "involuntaria memoria". Involuntary Memory,
Luego llegaras a otro en que las cosas que quieras recordar, requieren MAS detallar en tu esfuerzo, sin embargo, las que has querido olvidar, seran facilmente accesibles. Es una de las miles de ironias como nuestros lobulos cerebrales van procesando la mente y el cerebro. 2 temas distintos.

En algunos de tus Posts, sin titubear mi cerebro, mi mente brinca de tu blog a los libros de Cormac McCarthy.
En algunos segmentos tu razonar es similar en aspectos a los conceptos que Cormac usa en sus libros.
Luego en filosofia, esta Schopenhauer quien dice que llega un momento en la vida cuando empezamos a juntar los eslabones y cada eslabon es una persona, son personas asociadas con situaciones que vivimos y cada pieza tiene o cobra un SIGNIFICADO DEFINITIVO, ENORME, CLARO, EVIDENTE porque nos ensenna como somos ahora, donde estamos ahora y quienes somos ahora.
Daniel, antes mencione a ti, mi madre en dias dice: Estoy en SHOCK cuando recuerdo alguna situacion y recuerdo como actue y que dije y mi asombro es como pude haber sido. Asombro. Dice mi madre, cuando veo como he "madurado" o mejorado mi vivir entre como fui en mis 88 y como soy ahora en mis 98.

Es MUY gracioso, fascinante ver como series de TV, peliculas, actores, etc. etc. pueden tener mas fama, son mas vistos, reconocidos fuera de los EE.UU. que en los EE.UU. Jamas vi un episodio de esta serie que en Ingles se llama KNIGHT RIDER.
Jamas tuve interes y nadie en mis circulos de jugar Dungeons & Dragons. Es gracioso tambien LAS TRADUCCIONES!!!!!! ;-DDDD
El golpe de gracia en lo gracioso y fascinante es que DOROTHY de El Mago de Oz, en Espanna se llama DORITA????? ;-DDDD

En Ingles la palabra : Dorito, sig. una tortilla delgada, delgadez de una hoja de papel, es de maiz, tostada. "dorada" en aceite. La pronunciacion de Dorito en Ingles es : DORITA. La - o - es pronunciada como - a -
Antes tambien mencione a ti, usamos mucho una expresion de El Mago de Oz. "Toto, we're not in Kansas Anymore".
Y cuando uno visita el estado de Kansas. Hay letreros en las carreteras que son : "You are NOW entering Kansas".
Letreros asi como los toros con los cojones en carreteras de Espanna o Don Quijote y Sancho en La Mancha.
Cuando uno sale del limite del estado de Kansas el letrero es : You are not in Kansas anymore. ;-DDD

Anónimo dijo...

El Mago de OZ si es un clasico, un ICONO de la literatura y la cultura que se llama AMERICANA. Seria un fraude si yo en mis clases no utilizara este clasico.

Es como las Sevillanas en Sevilla. Como la virgen del Rocio, como la virgen del Pilar en Zaragoza, como el Corpus en Toledo.
Yo sabre mas de Espanna que de series de TV en los EE.UU. porque al menos en mis entornos creci fuera de la cultura de series de TV de la decada de los 70s a los 90s.
Benji y todo lo mencionado para mi es como si jamas existio. Hace solo 2 dias una alumna Francesa psicologa decia a mi que esto es entendible porque la enormidad del pais aqui tiende a enfocar MAS en la idiosincracia, la filosofia y psicologia de America, de los EE.UU. que erroneamente son llamado America.
Porque America es todo el continente. Aqui Superman, Batman, Wonder Woman son aun populares y ocupan la psique del pueblo de los US.
Que decir de Mark Twain, es parte de la ninnez, la adolscencia, la edad adulto y senectud. Es pop culture.

De todo todo, para mi es mas emocionante ver, saber, leer tu coneccion con Pablo tu hijo. Es conmovedor, conmocionante.

Envio unas citas de Cormac de su libro: The Road. Prefiero no traducirlas porque pierden todo. Son asociaciones que hago cuando leo tu ultimo escrito.


Cormac McCarthy

"You forget what you want to remember, and you remember what you want to forget."

"You think when you wake up in the mornin yesterday don't count. But yesterday is all that does count. What else is there? Your life is made out of the days it’s made out of. Nothin else."


"Nobody wants to be here and nobody wants to leave."

"People were always getting ready for tomorrow.
I didnt believe in that.
Tomorrow wasnt getting ready for them.
It didnt even know they were there."

"Just remember that the things you put into your head are there forever, he said. You might want to think about that.
You forget some things, dont you?
Yes. You forget what you want to remember and you remember what you want to forget."