miércoles 14 de diciembre de 2011

Pobres hombres regresando borrachos a casa

Vuelvo a recuperar el pulso. Después de unos meses bastante ajetreados en lo doméstico –hicimos y convivimos con una aparatosa obra en casa, con reparación de muros y pintura integral-, disfruto por fin de un pequeño cubículo, usurpado al espacio del dormitorio de matrimonio, que hace las veces de despacho y espacio para escribir. Ya no tengo que escribir, como he venido haciendo en los últimos años, desde que Alicia me arrebató la habitación donde guardaba mis bártulos, en la mesa comedor del salón. Tengo un espacio propio, aunque es pequeño, pero muy acogedor. Me recuerda bastante a la habitación del piso alquilado en el Juncal, donde parí, en una mesa escritorio que parecía robada de un parvulario, tanto Perrera como Moro. La habitación era prácticamente igual de pequeña, pero esta de ahora es totalmente mía. La he atiborrado de libros, estrujando hasta el límite las estanterías que hasta antes de la obra andaban diseminadas por todo el piso. Sólo hay una pared desnuda, pero en ella me gustaría colocar algún retrato, no sé, de Flaubert o de Céline, de Dostoievski o de Maugham, quizá uno de Bukowski con su cara de perro sarnoso, para que me mire directamente a los ojos, de forma admonitoria, como un hermano mayor previniéndome de las tentaciones de flaqueza.

Levantarme temprano, cuando todos duermen todavía. Hacerme el café con el silencio de fondo de la noche perezosa. Atravesar el pasillo arrullado por el sonido de las respiraciones de mis hijos y mi mujer y atrincherarme en el cubículo, que ya se ha caldeado un poco gracias a la estufa. Saludar al Batman gigante, ese que le trajeron los Reyes Magos a Pablo el año pasado pero que tuve que desalojar de su habitación porque se cagaba de miedo por las noches, y sentarme delante de los folios en blanco. Sólo los folios, un boli bic negro, los renglones de ayer y el vacío de esta mañana. Sólo yo y esto de dentro, y el fraseo, las imágenes, las ganas de llenar ese vacío del papel de historias, de gestos, de imágenes que muchas veces florecen, como flores inesperadas, tras una maraña de rectificaciones y tachaduras. Después de dos horas, que transcurren con asombrosa rapidez, escuchar el móvil despertador de Espe, y saber que ha llegado el momento de que empiece propiamente el día: despertar a los niños, vasos de leches y tostadas, la radio, vestirse, las prisas. Echar a correr hacia el metro, y después la reglamentaria caminata: bajarme dos paradas antes, para que el frío matutino y los tres cuartos de hora de andanza me despejen del todo, y acaben por hacerme olvidar todo lo que ocurrió dos horas antes, de forma que parezca que acabo de despertar, y que me levanté con el traje laboral ya puesto.

Ahora que vuelvo a esta rutina, pienso que no soy nada sin ella. Nunca los tiempos han sido tan aciagos, nunca la sensación de incertidumbre me ha resultado tan intensa, sin embargo necesito este espejismo de estabilidad. A eso han ayudado los niños, y no sólo en los aspectos creativos, como le comentaba a mi buen amigo Cora en una reciente entrevista. Los niños te obligan a la rutina, y en mi caso eso es bueno, porque es en la rutina donde más me centro y me considero más productivo.

En su biografía de Tolstoi, E. J. Simmons describe así un día cualquiera en la vida del escritor ruso:

“Toda la familia se reunía para desayunar, y las ocurrencias y las bromas del señor hacían la conversación alegre y animada. Al final se levantaba y pronunciaba estas palabras: “Ya es hora de trabajar”, y desparecía en su estudio, normalmente llevándose con él un vaso de té bien cargado. Nadie osaba molestarlo. Cuando salía a primeras horas de la tarde era para hacer ejercicio, por lo general una caminata o un paseo a caballo. A las cinco regresaba para la cena, comía con voracidad, y cuando había saciado el apetito divertía a todos los presentes con vívidas narraciones de cualquier acontecimiento ocurrido durante su paseo. Después de cenar se retiraba a su estudio a leer…”.

Tolstoi, además de un fabuloso escritor, era un gran aristócrata, así que su actividad literaria no se vio nunca entorpecida por la ordinariez de tener que buscarse el sustento diario. Pero la exposición de su cotidianidad como una adición rutinaria de hábitos, en los que la escritura, la lectura y la caminata ocupan un papel preponderante, me parece bastante convincente, y como plan de jubilación resulta todo un modelo.

Como aspiración de conducta, el Carpe Diem siempre ha gozado de gran prestigio. Es rutilante e inflamable, resulta enormemente seductor. Pero de un tiempo a esta parte comulgo más con el Aurea mediocritas de Horacio. Para los griegos, la mediocritas era también un atributo de la belleza. Mi cuerpo me pide una vida rodeada de aurea mediocritas, porque es ahí donde me siento más cómodo y feliz. Este espíritu, sin embargo, me abraza en un muy mal momento. Se acercan inexorablemente las fiestas navideñas, con su bacanal de comidas de empresa, excesos etílicos y gastronómicos, ruido y encuentros sociales ineludibles. No soy uno de esos que reniegan por pose de la Navidad, me suelen resultar divertidas, pero percibo que las fiestas han degenerado en los últimos tiempos hacia un punto de mal gusto insoportable. Resulta difícil salir indemne de esa artillería de adornos navideños en las tiendas de chinos, de papanueles y reyes magos de polispán escalando ventanas, de inmigrantes disfrazados de Santa Claus en las farolas, de anuncios gritones de juguetes en la tele, de infames hilos musicales en los centros comerciales y hasta en el metro con voces de querubín y campanillas, de hordas de compradores que construyen colas kilométricas en los cajeros de los hipermercados. Hay pocas cosas tan tristes como un hombre trajeado a media tarde, o ya de noche, que vuelve en el Metro de la preceptiva comida de empresa, y que no puede controlar la cogorza. Con su corbata descolgada del cuello desabotonado, parece un animal que se estuviera muriendo, toda la alegría que desplegó durante la jornada se ha desinflado y ahora es sólo un pobre hombre que vuelve borracho a casa. En eso, pienso, hemos convertido la Navidad: en un ritual de pobres hombres volviendo borrachos a casa.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Atheists Derail Traditional Nativity Display in Santa Monica, California.


VIDEO: Watch Olga Ospina's report
http://www.ktla.com/news/landing/ktla-santa-monica-nativity-controversy,0,1611432.story

Daniel, la palabra California viene de la palabra Califato, origen Arabe luego adoptado por los Espannoles.
Santa Monica la extravagante, sofisticada, eclectica ciudad en Los Angeles, fue fundada por Gaspar de Portola i Rovira.
Espannol venido de Os de Balaguer en la provincia de Lleida, en Catalunna.
La ciudad de Los Angeles fue fundada por el Espannol venido de Jaen, Felipe de Neve.

Tradiciones van tradiciones vienen. Que diria Somerset Maugham, es la servidumbre humana. ;-DDD


Santa Monica ha una vez mas hecho su marca esta Natividad, esta Navidad.
La ciudad permite la libertad de expresion y esta vez el numero de "pesebres" o natividades ha sido en mayoria otorgado a un grupo de Ateos.
Los pesebres o natividades por annos son puestos en exhibicion haciendo variedad en tradicion cristiana y la gente los visita, los ve a lo largo de la famosa avenida
Ocean Drive. Esta vez algunos pesebres o natividades presentan mitologias del solsticio y NO aluden a la tradicion cristiana del ninno en la paja y Jose y Maria y las vacas y la estrella de Belen o Bethlehem. El debate esta ahora en caliente y los cristianos estan orando para que el Sennor les regrese el numero de exhibiciones como ha sido tradicion y confian el anno entrante volvera a prevalecer la tradicion cristiana.

Navidad, he mencionado, no es muy observado aqui, porque aqui es mas observado el dia de Accion de Gracias, Thanksgiving.
Navidad aqui puede ser dia o noche para ir a un teatro, un cine, o para estar en casa sin mas ni mas.
El pais suspende casi todo durante Thanksgiving para que todos vayamos a nuestros 'hogares' a celebrar.

Como extravagancia mas, como servidumbre humana mas, tenemos "the designated drivers" tenemos hoteles que ofrecen alimentos gratis para que quienes reserven habitacion NO conducen en estado EBRIO. Los conductores designados, muchos son Taxis que la ciudad paga con nuestros impuestos y asi trata de evitar accidentes. Como servidumbre humana, quienes MENOS usan los "designated drivers" y los hoteles gratis, son los ebrios. ;-DDDD
Los ebrios son y hacen el espectaculo en los dias de fiesta.
Son los sobrios quienes sobriamente disciernen que no es prudente -andar- en las andanzas callejeras durante los dias de fiesta.
Mis alumnos Japoneses usan Taxis con frecuencia para no exponer su vida y su empleo en la cuerda floja. Usan taxis, pagan taxis y pagan hotel y pagan ninneras si es necesario y asi evitan dramas. ;->

Philosopher dijo...

Nice One.

Blogs About Success , Motivational , Inspirational , Poems , Love , Life.

Check It Out.

http://godessofpoem.blogspot.com/

Anónimo dijo...

Daniel, como otros temas, tal vez esto lo he mencionado antes alguna vez.
Una de mis atracciones es la fotografia otra es la pintura, el dibujo, todo siempre en lo abstracto.
En veces he llevado mis "cosas" a algun museo sin mencionar que son mios, que son mis hechuras.
3 curadores? administradores de museos han tenido interes en mis cosas y cuando al final hago claro que son mias, ellos han dicho algo similar.

El comentar mas comun que he oido es: "You should make yourself SOMEBODY". Si lo traduzco tal vez algo cerca seria: Hazte un NOMBRE.

Indican que es con las gentes que tienen PODER, las que tienen el $$$$$$ donde debo de INmiscuirme, meterme, sumergirme en ese ambiente y de alli haria fama y me echaria a dormir. Tus lectores mencionan nombres, tu mencionas nombres como Hemingway.
- Hemingway hace nada por mi, no he descubierto si hay algo que descubrir, no conmueve mi sensibilidad, tanto asi como tampoco lo hace el tal Vargas LL.
y el Garcia Marquez que para mi es narrador, narrar, narrar, secuela, narrar. Sera ignorancia mia del idioma.

Vuelvo a usar palabras que tampoco se si aplican como sustantivos o adjetivos, lo tuyo sanguineo, lo carnal, lo visceral, tu sensibilidad SI cimbra, sacude mi plexus solar, puede en ocasiones cerrar mi laringe y hay que tragar, pasar los momentos.
De Somerset Maugham puedo sentir su audacia y su sarcasmo en temas que solo los que vivimos dimensiones similares a sus dimensiones podemos percibir.
Este escrito tuyo de Pobres Hombres regresando Borrachos a Casa tiene para mi mucho contenido, me "entretiene", me mete en el tu parte descriptiva como tu parte sensibilidad. Hay MUCHO pero por la cortedad y la vaciedad de algunos blogs, he de decirte que "Atravesar el pasillo arrullado, el pasillo arrullado, el arrullo en el pasillo de la respiracion de mis hijos y mi mujer" para mi es una parte UNICA que mismo Hemingway o los demas autores que SE HAN Hecho un NOMBRE, reconocerian de tu juntar palabras.

Los borrachos, los ebrios es otro tema largo para tambien comentarlo en el blog. Hasta que estudie cursos de neurologia comprendi, aprendi que el alcoholismo es una enfermedad y se como puede haber AMARGA navidad en familias donde alguien esta bajo el dominio del alcohol.

Hay palabras que son nuevas para mi y hay otras que son distintas, que son como novedad.
En Buenos Aires fue gracioso porque hay tiendas (la palabra tienda suena como tienda del desierto, de beduinos en venta y errantes) ;-)
En B. A. las tiendas son tambien de los Chinos y los Chinos NO son Chinos son Koreanos y algunos son Viet Namitas.
Comentando con ellos en Ingles me decian que alli todos son Chinos. Decian: No importa si para estos soy chino, todo es igual mientras paguen mis gastos.

Palabras interesantes para mi y hay mas.

usurpado, bartulos, maranna, tachaduras, el traje laboral, papanueles, la cogorza, las tiendas de chinos.

Me gusta leer y releer estas palabras juntadas.

Atravesar el pasillo arrullado por el sonido de las respiraciones de mis hijos y mi mujer y atrincherarme en el cubículo, que ya se ha caldeado un poco gracias a la estufa.

el rompimiento de la rutina. Muchas veces el rompimiento de una rutina es un dolor INTENSO y cortante. ;->

Ángel dijo...

Por cómo describes tu rutina mañanera se ve que disfrutas del silencio y de la soledad (positiva, la negativa es la no buscada), esa que tantas veces está ausente a lo largo del día y en la que encuentras la inspiración o motivación para plantarte frente al folio (impensable hoy, cuando los ordenadores dominan todos los aspectos de nuestra vida) y ponerte a escribir.

Siempre me he preguntado qué hay detrás de una canción, cuál es el proceso creativo del artista o banda, qué estaría pensando en el momento en el cual la compuso y la razón por la que esa persona, ese lugar o esa idea le inundó la cabeza e inspiró para componer.

Lo cierto es que en este post dejas entrever cómo te surgen las ideas, cómo nacen los personajes y las historias, cosa que es un gustazo y que consigue acercar aún más si cabe al autor a aquellos que han leído, visto o escuchado la obra.

Lo más cojonudo de todo es ver que cada autor es un mundo: donde unos necesitan la rutina otros necesitan huir de ella. Un ejemplo de esto último es Rosendo Mercado. Maneras de Vivir la escribió al llegar a casa una noche. Ha contado varias veces que se tiró todo el camino con el mismo riff en la cabeza y cuando llegó a casa cogió la guitarra y un cassette grabador y salió la maravilla que salió.

Ya era hora de que reactivaras el blog, macho. Se te echaba de menos.

Un abrazo.